
Historias sociales
Hay situaciones cotidianas que pueden resultar difíciles de comprender: una visita al médico, el comienzo del colegio, una excursión, una celebración familiar, un cambio de profesional o un viaje en transporte público.
A veces sabemos qué va a ocurrir porque hemos vivido situaciones parecidas otras veces. Podemos imaginar cuánto durarán, qué se espera de nosotros o qué haremos si algo no sale como estaba previsto. Sin embargo, para algunos niños y niñas, toda esa información que solemos dar por supuesta no resulta tan evidente.
Las historias sociales son un apoyo que permite hacer visible y comprensible una situación antes de vivirla.
Una explicación clara de lo que puede ocurrir
Una historia social es un texto breve, acompañado habitualmente de pictogramas, fotografías o dibujos, que explica una situación concreta de forma sencilla y ordenada.
Que información es importante que muestre:
- Dónde tendrá lugar.
- Quiénes estarán presentes.
- Qué va a pasar.
- Cuánto puede durar, cuando sea posible saberlo.
- Qué puede hacer el niño o la niña para expresar lo que le esta pasando.
- Cómo puede controlar el entorno y que estrategias puede utilizar para ello.
- Cómo terminará la situación y qué ocurrirá después.
Su finalidad principal no es enseñar una respuesta correcta, sino ofrecer información suficiente para que la persona pueda comprender mejor lo que va a vivir.

Explicar no es imponer
Una historia social no debería convertirse en una lista de órdenes ni en una herramienta para conseguir obediencia.
Frases como «me portaré bien», «estaré tranquilo», «no lloraré» o «haré caso a los adultos» no ayudan a comprender realmente una situación. Además, presentan como obligación respuestas que, en ocasiones, el niño no puede controlar.
Una historia social respetuosa no promete que todo será fácil ni exige que el malestar desaparezca. Puede explicar que una situación quizá resulte incómoda, que puede haber ruido, que será necesario esperar o que algunas cosas podrían cambiar.
También debe mostrar las opciones disponibles:
- Puedo preguntar qué va a ocurrir.
- Puedo pedir ayuda.
- Puedo decir que necesito descansar.
- Puedo utilizar mis auriculares.
- Puedo expresar que algo me molesta.
- Puedo pedir que vuelvan a explicármelo.
El objetivo no es que el niño atraviese la situación sin protestar, sino que disponga de más información y recursos para afrontarla con seguridad.
La imagen del niño no debe utilizarse para representar algo que no ha ocurrido
Nunca deberíamos utilizar herramientas digitales, incluida la inteligencia artificial, para crear imágenes del niño o la niña haciendo algo que no ha hecho o mostrando una conducta diferente a la suya.
Verse realizando una acción que nunca ha llevado a cabo, reaccionando de una manera distinta o apareciendo en una situación ficticia puede generar mucha confusión e incluso malestar. En lugar de facilitar la comprensión, el recurso podría transmitir una información falsa y producir justamente el efecto contrario al que buscábamos.
Si utilizamos fotografías personales, deben representar situaciones reales o claramente reconocibles. Cuando no dispongamos de una imagen adecuada, es preferible recurrir a pictogramas, ilustraciones genéricas o fotografías de otras personas que no pretendan representar al niño.
La personalización debe ayudar a comprender, no construir una versión ficticia de la persona.
¿Cuándo puede ser útil una historia social?
Puede utilizarse para anticipar una experiencia nueva, pero también para explicar una situación conocida que sigue resultando difícil de comprender.
Por ejemplo:
- Ir al médico o al dentista.
- Cortarse el pelo.
- Empezar el colegio o cambiar de aula.
- Tomar una medicina.
- Participar en una excursión.
- Viajar en autobús, tren o avión.
- Asistir a una celebración.
- Recibir una visita en casa.
- Dormir fuera de casa.
- Utilizar un baño diferente.
- Conocer a un nuevo profesional.
- Afrontar un cambio temporal en una rutina.
También puede ayudar a comprender situaciones sociales menos visibles, como esperar un turno, pedir entrar en un juego, entender por qué alguien necesita descansar o saber qué hacer cuando un plan cambia.
A continuación os ponemos algunos ejemplos descargables de historias sociales.
¿Cómo debe ser?
No existe una única forma válida de elaborar una historia social. Debe adaptarse a la edad, la comprensión, las experiencias y el sistema de comunicación de cada persona.
En general, conviene que sea:
Clara
Debe utilizar frases sencillas y concretas, evitando dobles sentidos, expresiones ambiguas o explicaciones innecesariamente largas.
Descriptiva
Es preferible explicar lo que ocurre en lugar de centrarse únicamente en lo que el niño debe hacer.
En vez de:
«Tengo que estar quieto en el dentista».
Podemos escribir:
«El dentista necesita mirar mi boca. Para verla mejor, me pedirá que la abra durante unos momentos. A veces podré cerrarla y descansar».
Realista
No debemos asegurar algo que no podemos garantizar.
En lugar de decir:
«No me dolerá».
Podemos explicar:
«Puedo notar presión o alguna molestia. Si necesito parar, puedo avisar al dentista».
Respetuosa
La historia debe reconocer que la persona puede sentir miedo, enfado, cansancio o incomodidad. Estas emociones no significan que la historia haya fracasado.
Personalizada
Los pictogramas pueden ser muy útiles, pero en algunas situaciones las fotografías reales del lugar, de las personas o de los objetos ofrecen una información más concreta.
También es importante adaptar el vocabulario. La historia debe utilizar las mismas palabras que el niño y su familia emplean habitualmente.
¿Cuándo debemos leerla?
La historia social debería presentarse en un momento tranquilo, con tiempo suficiente para observarla, comentarla y resolver dudas.
No suele ser útil mostrarla por primera vez cuando el niño ya está desbordado o cuando la situación está a punto de comenzar. En esos momentos puede ser difícil procesar información nueva.
Podemos leerla varios días antes, retomarla brevemente el mismo día y llevar una copia durante la actividad. Sin embargo, no es necesario repetirla de forma constante ni pedir al niño que la memorice.
La historia es un apoyo disponible, no una tarea que deba aprenderse.
La historia debe parecerse a lo que después sucede
Antes de utilizarla, conviene comprobar que la información es correcta y que refleja la experiencia con suficiente fidelidad.
Cuando sea posible, podemos preguntar previamente:
- Cómo es el lugar.
- Qué personas estarán presentes.
- Cuáles serán los pasos principales.
- Cuánto tiempo puede durar.
- Qué opciones existen si el niño necesita parar.
- Qué elementos podrían cambiar.
Si sabemos que algo no puede predecirse, también podemos incluirlo:
«Normalmente ocurrirá de esta manera, aunque algunas cosas pueden ser diferentes».
Las historias sociales no eliminan la incertidumbre, pero permiten nombrarla y hacerla más comprensible.
Después de la experiencia
La historia puede revisarse después para hablar de lo ocurrido. No para valorar si el niño lo hizo bien o mal, sino para comprobar qué información fue útil y qué deberíamos modificar.
Podemos preguntarnos:
- ¿La situación ocurrió como habíamos explicado?
- ¿Faltaba alguna información importante?
- ¿Qué parte resultó más difícil?
- ¿Qué apoyo ayudó?
- ¿Qué cambiaríamos la próxima vez?
De esta manera, la historia se convierte en un recurso vivo que puede ajustarse a la experiencia real.
Una herramienta dentro de un acompañamiento más amplio
Una historia social puede facilitar la comprensión, pero no sustituye otros apoyos que quizá sean necesarios.
En algunas situaciones será importante adaptar el entorno, reducir el ruido, permitir más tiempo, ofrecer descansos, utilizar un sistema de comunicación accesible o modificar las expectativas de los adultos.
No todas las dificultades se resuelven explicando mejor lo que va a ocurrir. A veces es la situación la que necesita cambiar.
Una buena historia social no busca que la persona se adapte a cualquier circunstancia. Le ofrece información para comprenderla, participar en ella y comunicar lo que necesita.
